Bienvenidos a Venecia

Venecia, allí donde las calles se transforman en canales, donde los coches son reemplazados por barcos y donde cada rincón es arte que merece ser observado detenidamente. He pasado unos pocos días en este ciudad y no puedo dejar de pensar en lo mágica que es.

Recuerdo el primer día, cuando llegamos a la Stazione di Venezia Santa Lucia y tras atravesarla vimos un canal con unas cuantas góndolas paseándose sobre él. La luna se encontraba alto en el cielo y los reflejos dorados de las embarcaciones en el agua otorgaban una sensación de ensueño al lugar. Nos quedamos unos minutos contemplando la escena y grabándola en nuestra memoria.

Esa misma noche, no pudimos hacer otra cosa que probar la famosa gastronomía italiana en un sitio donde el dueño proclamaba que ofrecían la mejor lasaña a la boloñesa de toda la ciudad. Posteriormente, dedicamos el tiempo a perdernos por la noche veneciana, sin prisa alguna, olvidándonos del reloj.

Una de las cosas que más me llamó la atención es que durante el día cada una de sus calles presenta un tránsito descomunal y si a ello le añadimos lo estrechas que son, no os hacéis a la idea de los “scusi” que se escuchaban por minuto. No obstante, en cuanto cae la noche, la ciudad se vacía casi por completo, exceptuando los lugares más turísticos. De esta forma, deambular por ahí sin rumbo fijo se convierte en una aventura y la mayoría de veces acabas en sitios dignos de visitar que ni tan siquiera aparecen en los folletos de viajes.

A pesar de todo, los lugares típicos también tienden a dejarte impresionado. El Puente de Rialto, el que cruza el Gran Canal de lado a lado, es asombroso. Con tan solo subirte y observar desde ahí durante cinco minutos ya te puedes hacer un poco a la idea de cómo se vive ahí.

We came to Venice, only got 20 dollars in our pocket and this is fucking awesome

Al no existir coches, todo el transporte se realiza mediante agua y podemos observar como un italiano va cogiendo los packs de 24 latas de su barco y las lanza al aire a otro que está situado en el embarcadero esperando a recibirlos. De vez en cuando, pasa la ambulancia a una velocidad vertiginosa sorteando todos los obstáculos que se encuentra en su camino. Asimismo, se distinguen diferentes paradas de Vaporetto, el autobús de Venecia, por así llamarlo. La cantidad de puestos de gelato también resalta, así como las trattorias especializadas en pasta o pizza. Las góndolas, otros de los grandes clásicos de esta ciudad italiana, se pasean por cualquier canal sin importar su anchura. Por último, parece una ciudad destinada únicamente al turismo. Exceptuando dos o tres supermercados el resto son sólo sitios de restauración o locales de souvenirs.

Si andamos un poco más, llegamos a la Plaza San Marcos, un verdadero icono de la ciudad. Y efectivamente, comprobamos que tal y como todo el mundo nos había advertido previamente, el lugar está repleto de palomas. De hecho, tuvimos alguno que otro percance con alguna de ellas, pero eso es otra historia. Además, de noche se convierte en un sitio mágico donde varias bandas se reúnen para tocar los grandes clásicos, animando así las terrazas.

Avanzamos un poco más, y nos encontramos con un paseo muy ancho que bordea la isla. Desde ahí, vemos la desembocadura del Gran Canal y en frente se eleva la Basílica de Santa María della Salud, un lugar emblemático donde muchos alumnos, seguramente estudiantes de arte o alguna modalidad similar, se sentaban en las enormes escaleras para retratar la vida veneciana y todo el jolgorio que se respira por esa zona.

Sal a la calle, tiende los problemas al sol y sonríe. Sobre todo sonríe.

Sin embargo, Venecia no acaba ahí, y justo en ese paseo podemos coger un Vaporetto para visitar las islas más cercanas. Nosotros nos aventuramos a visitar Murano, la isla del cristal, Burano, que parece salida directamente de la paleta de un pintor y Torcello, quizás la isla con más historia de las tres.

Mi intención no consiste en escribir un folleto turístico sino más bien relatar las experiencias y sensaciones que me han producido estos lugares. Por ello, me gustaría decir que si sólo tuvieseis que elegir una de las tres fueseis a Burano. A mi, personalmente, me impresionó. Cada caaa está pintada de un color distinto, eso sí, todos chillones, dotando así a las calles de un aspecto mucho más alegre. Recorrer sus calles y puentes es todo un deleite para todos los sentidos. Y si además os gusta la fotografía como a mi, vuestra imaginación se acelerará a un ritmo frenético.  Cada canal, cada puente, cada casa, cada ventana… todo es único.

Finalmente, haceos a la idea que una vez vistos dos o tres puntos importantes lo mejor es perderse por Venecia, recorrerla sin saber dónde vas a acabar. Ármate de un buen gelato y empieza a explorar sin importar si es de día o de noche.

Buonanotte principessa, volveremos.

Y al final acabas aprendiendo que hay que disfrutar siempre de los momentos mientras podamos ya que el futuro siempre es muy incierto. ¿Qué pasará? A saber. Vivamos de mientras.