Desde siempre nos han dicho que saber idiomas es importante. Muchos no le encuentran ningún sentido dado que no son nada viajeros, no les gusta conocer otras culturas, son muy cerrados, siempre se comunican con la misma gente o simplemente no quieren por la cantidad de tiempo que hay que dedicarles. Se resume en una palabra: vagancia. Por otro lado, están los que disfrutan aprendiendo algo nuevo, los que se divierten conociendo cosas distintas a las suyas, los que tienen pasión por lo desconocido.
Digo todo esto porque hoy me ha sucedido algo que afirma la importancia de conocer distintos idiomas. Hoy, ha sido un gran día de playa. Las olas, de cierto tamaño, se sucedían y rompían al aproximarse a la orilla con alegría. Furgonetas de hasta los sitios mas remotos han venido a ocupar todos los aparcamientos en primera línea. Había gente de todos los sitios, pelo castaño, pelirrojo, rubio, negro, ojos marrones, verdes, azules, rasgados. Por fuera distintos, pero por dentro también.
Estaba en el agua con la mala suerte de haber olvidado mi reloj. Hoy lo necesitaba más que nunca porque había quedado a una hora concreta. No podía quedarme hasta que desapareciese el sol. Los amigos tampoco tenían. Cuando te encuentras en estas circunstancias no queda otra que salir fuera a ver el móvil o preguntar la hora a otro que ande por ahí cerca. La primera opción no era nada apetecible puesto que luego iba a tardar mucho en volver a entrar debido a la corriente. Así que decido preguntarle la hora a uno que estaba bastante cerca, que también estaba sentado en su tabla esperando a la siguiente serie. Al oír mis palabras, me mira y se queda perplejo. Proceso enseguida la información y me doy cuenta de que no ha entendido nada. Levanto mi brazo y señalo a la muñeca. Por su expresión, deduzco que ha entendido. Vocaliza unas palabras aunque sabe que no entiendo, entonces procede a levantar las manos y mover los dedos para que cuente. Los movía una y otra vez y no entendía. Enseguida, me hace una seña para que me acerque. Me enseña su pantalla para que la pueda leer yo mismo. ¡Sé la hora!

En ese mismo instante, vemos una ola de tamaño generoso delante de nuestras cabezas. No nos da tiempo a reaccionar y nos arrastra. Damos vueltas por debajo como si de una lavadora se tratase. Finalmente, salimos a flote, nos miramos, y a pesar del susto, nos empezamos a reír. Eso es universal. Con todo esto saco mis propias conclusiones, si hubiésemos podido comunicarnos de una manera adecuada, no habríamos perdido tanto tiempo y no nos habríamos sumergido contra nuestra voluntad durante unos segundos. Aprender a comunicarse es fundamental. Los idiomas no hacen otra cosa mas que ayudarnos a diario. Aunque sea imposible saber todos, deberíamos aprender algunos.
Foto: Aristocrats-hat

